Anónimo IA abre tus documentos, sustituye los datos sensibles y te deja revisarlo todo antes de que salga nada. El proceso entero ocurre dentro de tu navegador: ni un byte sube a ningún servidor, tampoco al nuestro.
Borra el texto y pega el tuyo. No sale de aquí.
Justo lo que hoy no te atreves a pegar en un chat. Pásalo por aquí y sale con las etiquetas puestas.
Documentos de ejemplo, con datos inventados. Cada etiqueta es lo que Anónimo IA pondría en su lugar.
Un PDF, un Word o un Excel entero, con la política a la izquierda y cada hallazgo revisable a la derecha.
Un informe de auditoría real pasando por la pasarela. Arriba a la derecha, el contador de red marca cero.
Pegar un contrato en ChatGPT no es consultar una herramienta. Es una cesión de datos.
La línea discontinua es la frontera de tu equipo. Fíjate en qué la atraviesa y, sobre todo, en qué se queda dentro.
Los identificadores españoles no se buscan «por si acaso»: se comprueban con su dígito de control. Un número que parece un DNI pero no lo es, no genera ruido en tu informe.
DNI y NIE con el módulo 23, CIF con su algoritmo, número de la Seguridad Social, pasaporte, matrícula y referencia catastral.
IBAN comprobado con módulo 97 y tarjetas con el algoritmo de Luhn. BIC, importes y cuentas contables opcionales.
Diccionario de nombres y apellidos, tratamientos (D., Dña.), etiquetas de campo («Cliente:», «Firmado por:») y denominaciones societarias.
Correo, teléfono en formato español e internacional, dirección postal completa, código postal y coordenadas.
Claves de API genéricas y de proveedores conocidos, tokens JWT, claves privadas PEM y cadenas de conexión a bases de datos.
Número de historia clínica y tarjeta sanitaria, códigos CIE y diagnósticos o tratamientos descritos en texto libre.
NIG, números de procedimiento y expediente, protocolo notarial, tomo y finca registral, fecha de nacimiento.
Direcciones IP, hosts y dominios internos, rutas locales de archivos y URLs que revelan infraestructura.
Cada regla se enciende y se apaga por separado, con cuatro modos de sustitución: seudónimo, máscara, parcial o hash. Y puedes añadir tus propios términos (el nombre de un proyecto, una marca interna) para que se protejan siempre.
Sustituir los datos es fácil; lo difícil es que después la respuesta te sirva. La bóveda guarda la equivalencia en tu equipo y la deshace cuando vuelves.
La equivalencia vive en la memoria de la pestaña: se borra al cerrarla y no viaja a ningún sitio. El mismo cliente recibe la misma etiqueta en el contrato, en el Excel y en el PDF, aunque su nombre esté escrito con y sin tilde.
Importante: como la bóveda permite deshacer la sustitución, lo que sale de aquí es un documento seudonimizado en el sentido del artículo 4.5 del RGPD, no anonimizado. Sigue siendo dato personal y sigue sometido al Reglamento: mantén tu base jurídica y tu registro de actividades.
| Anónimo IA | Anonimizador en la nube | A mano, con buscar y reemplazar | |
|---|---|---|---|
| Dónde se procesa el documento | En tu navegador | En el servidor del proveedor | En tu equipo |
| Hace falta cuenta o suscripción | No | Normalmente sí | No |
| Validación con dígito de control | DNI, NIE, CIF, IBAN, tarjeta | Según el proveedor | Ninguna |
| Coherencia entre varios documentos | Misma etiqueta en todo el lote | Según el proveedor | Se pierde enseguida |
| Recuperar los datos en la respuesta | Bóveda local reversible | Poco habitual | Manual otra vez |
| Registro para la auditoría | Manifiesto con hash y revisión firmada | A veces | No existe |
| Funciona sin conexión | Sí | No | Sí |
| Tiempo por documento | Segundos | Segundos | De 20 minutos a horas |
Cualquiera puede usarla, guardarla y llevársela. Lo que no se copia es una política escrita para tu sector, desplegada en tu infraestructura y defendible delante de un auditor.
De verdad, y puedes comprobarlo sin fiarte de nosotros. Lo que lo impide técnicamente es la política de seguridad de contenido con la que se sirve la página: lleva connect-src 'none', así que el navegador bloquea cualquier conexión de salida aunque el código intentase abrirla. El contador de arriba a la derecha te lo enseña en pantalla y marca también los intentos que la política bloquea. Y puedes verificarlo por tu cuenta de dos formas: desconecta el wifi y la herramienta sigue funcionando, o abre la pestaña de red de tu navegador y míralo tú.
Se borra todo: el documento, el texto protegido y la bóveda. No hay servidor donde nada quede guardado. Lo único que persiste es tu política de protección, y solo en tu propio navegador.
Ayuda, pero no sustituye. Reduce la cesión de datos a un tercero y deja un registro de lo que se hizo, que es exactamente lo que se te va a pedir. La evaluación de impacto, la base jurídica y el registro de actividades siguen siendo tuyos.
Todas. Cada regla se enciende y se apaga, cada categoría tiene su modo de sustitución, y puedes añadir tus propios términos y tus excepciones. La política entera se exporta a un archivo para versionarla o repartirla a tu equipo.
No hay límite impuesto: el límite es la memoria de tu equipo. Un contrato de cien páginas o un lote de veinte documentos se procesan sin problema.
Sí. Es un único archivo HTML sin dependencias: se copia a una carpeta compartida, se sirve desde vuestra intranet o se despliega en vuestro dominio. Si queréis que además lleve vuestra marca y vuestras reglas, eso es la instancia de organización.
Pásalo antes por aquí. Tarda segundos y no te pide nada a cambio.
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